¿Qué es una necesidad?

La raiz de la palabra necesidad proviene del latín necesse, dónde ne es no y cesse significa desligarse. Juntando ambas partes una definición según su etimología puede ser algo de lo cual no puedes desprenderte.

Veamos qué dice la RAE al respecto. Por un lado hace referencia a una relación dependiente de causa-consecuencia, en la cual es necesario que ocurra A para que ocurra B. La segunda definición apela al carácter inexorable de las necesidades, siendo éstas algo que no podemos evitar, sin las cuales no podemos vivir. Podemos decir, que es la sensación de falta de algo considerado imprescindible, es la evidencia de su carencia y esta unida estrechamente a la voluntad de satisfacerla, ya que no satisfacerlas produciría consecuencias negativas significativas.

Es aconsejable diferenciar dos aspectos muy importantes: la necesidad y el deseo. La necesidad es lo que nos mueve, el impulso para actuar hacia la obtención de ciertos objetivos; los deseos que tenemos son las herramientas con los cuáles vamos a satisfacer a las necesidades. Es decir, los deseos son la manera en que concretamos y cubrimos nuestras necesidades. Por ejemplo, cuando decimos que tenemos la necesidad imperiosa de comer dulces, nos referimos a un deseo. Éste puede señalar tanto a la necesidad de subsistencia (alimentación), o puede que este deseo esté dirigido a cubrir otras necesidades, y es a través de comer dulces que las calmamos por unos momentos. Cómo satisfacemos nuestras necesidades está estrechamente ligado con nuestra cultura y sus valores, incluso hay autores que afirman que las propias necesidades están firmemente determinadas por el marco social al que pertenecemos.

¿Qué necesidades hay?

Son muchos los autores que han querido delimitar una lista de necesidades. A continuación os dejamos una lista que no consideramos definitiva pero que es bastante amplia y concreta:

– Subsistencia: alimentación, descanso …

– Seguridad: confianza, protección, apoyo…

– Libertad: autonomía, independencia, emancipación…

– Identidad: afirmación, pertenencia con iguales…

– Participación: cooperación, conexión, interdependencia…

– Realización: expresión, creación, aprendizaje, evolución…

– Recreación: juego, entretenimiento…

– Relacionales: empatía, intimidad, afecto…

– Sentido: claridad, comprensión, discernimiento…

¿Cómo conecto con mis necesidades?

Con frecuencia no sentimos las necesidades directamente, más bien tenemos sentimientos debido a su carencia y es eso lo que notamos. Nos damos cuenta de que algo falta, como una necesidad urgente e imperiosa que no sabemos situar bien bien. Cuando nuestras necesidades no están cubiertas, puedo sentir ansiedad, enfado, tristeza, confusión, desorientación, preocupación, desesperanza y un largo etcétera. Además, seguramente tendamos a calmar esos sentimientos con el consumo de cualquier tipo: comida, compras, drogas, ocio, sexo,…

Para llegar hasta ellas, hace falta potenciar nuestra capacidad de explorarnos, de indagar qué hay más allá de la emoción. Aquí, la gestión emocional es esencial para poder pasar a través de ellas, no aferrarnos e ir desenmarañando los sentimientos, separando los deseos, peticiones y juicios de las necesidades y acercándonos a éstas últimas. Si gestionamos adecuadamente los sentimientos que tenemos, ellos nos conducirán a las necesidades y es entonces dónde podremos actuar consciéntemente e intencionadamente, transformándolos en conductas, acciones, cogniciones o emociones que realmente las satisfaga.

Muchas veces en terapia vemos como las personas nos enredamos en ilusiones que nunca se cumplen, por ejemplo, cuando esperamos que los demás actúen de cierta manera para aportar a nuestra necesidad. Resulta interesante pararnos a pensar como en este proceso a veces nos dejamos a merced de la otra persona, lo que conlleva un sentimiento de vulnerabilidad, que puede ser insoportable y activar ciertas emociones (“ira”, por ejemplo), pensamientos (“no es justo”), acciones (“me enfado”), si ésta no hace lo que esperamos que haga, sentimientos por cierto que seguramente cubran nuestra necesidad de protección.

¿Eso nos convierte en la única persona capaz de satisfacer nuestras necesidades?

Claramente, no. No estamos haciendo apología del individualismo. Muy lejos de éste, en nuestras relaciones puede existir cierta coresponsabilidad hacia qué necesitamos ambos, incluirlo, hacernos cargo en cierta medida cada cual de lo propio y de lo ajeno, aportarnos eso necesario.

Pero si la necesidad de vínculo fuese tal que nos llevase al deseo de satisfacer completamente la necesidad del otro. Entonces ocurre que cubrir a ésta primera pasa por encima de todas las demás que tengamos, cosa que hará que no nos sintamos satisfechos. Se tratará, entonces, de encontrar otras maneras de satisfacer mi necesidad de estar vinculada sin que ésta anule las demás.

Aún así, antes de resolver mis relaciones interpersonales, es interesante resolver la que tengo conmigo misma. Cuando nos hacemos cargo de nuestras necesidades, nos adueñamos de la capacidad de satisfacerlas y eso nos lleva a un locus de control interno, con el cual podemos empezar a movilizarnos para conseguir aquello que deseamos.

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