El narcisismo y el ecoísmo

A veces en la mitología griega los dioses no son tan severos como nos han pretendido dar a entender, y aunque muy territoriales con sus privilegios, sus normas en la tierra son mucho menos severas en comparación con el único, fácilmente irritable (¿y narcisista?) del judeocristianismo.

El castigo enviado desde el Olimpo a Narciso: contemplarse a sí mismo para toda la eternidad, fue casi para él un regalo teniendo en cuenta que sólo tenía que amar a quién ya amaba, a sí mismo, sin interrupciones molestas de las pretendientes, las ninfas de su bosque y de los adyacentes, que perdían la cabeza por aquel mancebo que nunca las correspondía. Tampoco las miraba, ni respondía, y ese desdén sumía a las ninfas en la tristeza. Así eran presas fáciles para los insaciables sátiros.

Como castigo a ese desdén hacia las ninfas la diosa de la venganza, Némesis, le hizo enamorarse de su propia imagen reflejada en una fuente. Y en esa contemplación, seducido por su propia imagen, acabó cayendo al agua. Ahogado en y de sí mismo.

El castigo enviado desde el Olimpo a Narciso: contemplarse a sí mismo para toda la eternidad, seducido por su propia imagen, acabó cayendo al agua. Ahogado en y de sí mismo

El narcisismo es un estado pleno de uno mismo. No existe el exterior para otra cosa que no sea suministrar todo lo que necesite el narcisista, y no necesita otra cosa que extender sus tentáculos para sostener una falsa imagen de superioridad. En ese resort de lujo que es para ellos el mundo, en lugar de dar propinas a diestro y siniestro para ser tratados con esmero y delicadeza, la moneda que el narcisista usa es la seducción. De tal modo que al principio se comportan como grandes caballeros y damas, cortejando, atendiendo y desviviéndose al mismo tiempo que registran las vulnerabilidades de los demás. Porque a pesar de que el narcisista carece de empatía emocional, sí la tiene cognitiva, y muy bien puesta: sus fríos análisis de la lógica emocional de los demás les capacita para adelantarse a las reacciones del otro. Y adelantarse en ellos es el primer paso para manipular y controlar a alguien.

A pesar de que el narcisista carece de empatía emocional, sí la tiene cognitiva y le capacita para adelantarse a las reacciones del otro, manipular y controlar

La manipulación opera sutilmente. Primero poniendo al otro ante lo que ella misma considera sus flaquezas y defectos. El narcisista mueve los hilos para que aparezcan esas supuestas flaquezas en los momentos más incómodos para la víctima, que comienza a sentir que no merece el amor y aprobación del narcisista. Ella, la víctima, se hace los reproches a sí misma y el narcisista mete las manos en los bolsillos y silba.

Poco a poco seguirá manipulando las situaciones para que la víctima siga teniendo sentimientos negativos hacia sí misma, creando supuestas carencias que antes no tenía. Poco a poco, a base de ponerla fortuitamente ante sus debilidades, va a ir minando su autorespeto hasta reventarlo y conseguir que su seguridad personal desaparezca. El narcisista explotará este circuito hasta que dejarlo herméticamente cerrado y así seguir alimentando su ego con la idolatría de la víctima, que crece a medida que anula la de la otra persona. La dependencia de la víctima será tal que el narcisista ejercerá con facilidad de ventrílocuo de ella para seguir inflando la gula del ego narcisista.

A base de ponerla fortuitamente ante sus debilidades, va a ir minando su autorespeto hasta reventarlo y conseguir que su seguridad personal desaparezca

Otra cosa habitual, cuando la víctima está agotada y hace intentos de rebelión, consiste en que el narcisista va a cambiar la percepción de los roles. Se va a defender como si fuera la víctima de los defectos, carencias, torpezas, envidias de la otra persona, y que ésta se aprovecha de las extraordinarias cualidades del narcisista y de su desprendimiento general, y en especial hacia ella. Para compensarle la víctima trata de satisfacer al narcisista como sea, y en caso de no conseguirlo, cosa de la que se ocupará sibilínamente el narcisista en hacerle saber, un sentimiento abrumador de culpa y de inutilidad le inundará. Aumentando su percepción de no ser merecedora de amor, de un trato digno y de atención. Es decir, le acaba haciendo sentir un enorme autodesprecio.

La envidia es un sentimiento tan extremo en los narcisistas que lo tienen que extirpar anulando todo aquello que se lo causa. Porque es ésta la que le da un golpe de realidad en la cara. La que socava su idea de ser tan especial. Por ejemplo, si detecta que su víctima destaca en algo, utilizará todos los medios para rebajar su mérito, como atribuirse a sí mismo los hechos de cara a los demás, o insistirle en que le ha salido bien por suerte y siempre por causas ajenas a su valía, también pone el foco en temas que saben que son delicados para la víctima y así desviar la atención.

La envidia le da un golpe de realidad en la cara. La que socava su idea de ser tan especial

En caso de que la víctima consiga salir de ese círculo, al narcisista no le supondrá un gran coste emocional. Buscará nuevas personas que puedan caer en su seducción – manipulación para seguir manteniendo esa falsa imagen de magnanimidad. Porque para ellos el mundo es una proyección de ellos mismos y de nadie más. Una proyección en la que trabajan sin darse cuenta y sin descanso. Mucho les exige para que sea exacta a su elevada imagen, para que sea un espejo fiel de una falsa superioridad, fruto de un delirio difícil de localizar en su origen y tal vez si fin gracias al antifaz que llevan puesto y que necesitan para no reflexionar sobre ellos mismos. Así trasforman la realidad a imagen y semejanza de sí mismos, esto es fácil de observar en los grandes narcisistas de la historia (Stalin, Hitler, Franco etc etc etc etc), que lo hacen para evitar una gran caída, una inmensa depresión. Todo es un extensión del ego. Su ego necesita un alimento constante.

En mayor o menor medida mucho de lo que todos hacemos puede interpretarse como narcisismo, pero dentro de él podemos distinguir entre un narcisismo negativo, como el descrito hasta ahora, el que trata de sacar el cuello por encima del resto, y el narcisismo positivo, que es resultado de una actividad, como el trabajo, pero la parcialidad o subjetividad propia del mismo es frenada por el interés en el proceso del trabajo, y en la toma de contacto con la realidad (la consciencia de que otros también lo saben hacer, y algunos lo harán mejor). El narcisismo perjudicial, es aquel que tiene su base no en algo que se hace, sino algo que se tiene.

Así trasforman la realidad a imagen y semejanza de sí mismos, esto es fácil de observar en los grandes narcisistas de la historia

En la historia del mito de Narciso hay otro personaje, la parte rechazada, la ninfa eco, quién había disgustado a Hera y por ello esta la había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Por tanto, era incapaz de hablarle a Narciso por su amor, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: «¡Ven!».Después de responder, Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz.

El síndrome Ecoísmo viene de aquí. Y consiste en un profundo miedo a ser percibidos como narcisistas. Los narcisistas necesitan sentirse especiales pero los ecoístas, al contrario, no quieren que los demás les hagan sentir especiales. Cuando eso sucede, pueden sentirse muy incómodos.

El ecoísmo no es modestia sino el temor a proyectar una imagen egocéntrica, narcisista y egoísta que provoque rechazo y críticas. Como resultado, esta persona intenta silenciar por completo su yo. En algún momento de su infancia, estas personas pensaron que, para ser amados, debían asegurarse de molestar lo menos posible a los demás.

El síndrome Ecoismo consiste en un profundo miedo a ser percibidos como narcisistas

No buscan la aceptación y el amor a través de sus cualidades positivas sino anulándose a sí mismos. Detrás de su imagen de gran amabilidad, comprensión y disposición hay un rechazo a su derecho a ser feliz. De hecho, estas personas suelen terminar en relaciones dependientes con personas narcisistas, lo cual crea un profundo desequilibrio en ese necesario intercambio entre dar y recibir.

http://www.kubernetica.com/campus/documentos/bibliografia/FROMM-El-corazon-del-hombre.pdf

https://www.lavanguardia.com/cultura/20190106/453964170635/un-libro-refleja-el-narcisismo-como-un-abuso-que-puede-derivar-en-maltrato.html

https://verne.elpais.com/verne/2016/09/09/articulo/1473406380_558080.html

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