La gran carambola

Sin agua no se habría desarrollado la vida en la tierra, al menos tal y como la conocemos. Y a punto estuvo la tierra de quedarse seca, si hace 4.400 años no hubiera chocado contra ella un meteorito que cruzaba el sistema solar y que ahora llamamos Luna. Sin este poco probable accidente no estaríamos aquí.

Nuestro satélite también es fundamental por mas motivos, sin él el eje de la tierra cambiaría de posición y los veranos serían demasiado calurosos y los inviernos demasiado helados, además los días serían de 8 horas debido al aumento de la velocidad de rotación de la tierra, con vientos presumiblemente de hasta de 300 K/h. Sin la luna la rotación de la tierra sería diferente a la actual, y sin ella seguramente no estaríamos aquí.

Este meteorito y otros cuerpos celestes que impactaron contra la tierra durante milenios trajeron los microorganismos iniciales, que evolucionaron hasta las cianobacterias que fueron las primeras en realizar la fotosíntesis, y en comenzar a oxigenar la tierra. Sin ellas, sin estas extraterrestres, tampoco estaríamos aquí.

Si viviéramos más cerca de estrellas masivas sus rayos gamma nos habrían convertido a todos en una tribu de Hulks. Pero si estuvieran más lejos no nos llegarían suficientes elementos pesados, los que constituyen las rocas, el hierro y los minerales. Sin esta distancia no estaríamos aquí (si es que están aquí, aun leyéndome).

Otra de rayos, si no tuviéramos escudos contra la radiación solar, como la capa de ozono y la magnetosfera, es posible que no hubieramos sobrevivido, o en el mejor de los casos ahora tendríamos más pelo que Chubaca.

Si la constante de expansión del universo fuera mayor no se hubieran formado las galaxias, y, siento decirlo, no estaríamos aquí.

En el inicio, en los siguientes primeros cientos miles de años tras el Big Bang si la carrera entre la materia y la antimateria no la hubiera ganado nuestro sólido semental no existiría el universo tal y como lo conocemos. Y, compañero, no estaríamos aquí ni nosotros ni nada.

Estas son algunas de las muchas condiciones que han permitido que estemos aquí, y muchas de ellas tenían muy remotas opciones de acabar siendo las elegidas. Estamos aquí de carambola, como si un ciego le hubiese ganado el premio de puntería en una feria.

Algunos dirán que son demasiadas casualidades. Los del diseño inteligente, los del creacionismo y todas las religiones (que ni siquiera se fían del método científico, y prefieren las revelaciones de varios tipos bajo los efectos de la insolación en el desierto palestino). Pero no hay ningún motivo ni prueba para pensar que un ser encendió a propósito la mecha del petardo que dio origen al universo, como si estuviera en las fiestas de verano de su pueblo y se le fuera de las manos la cantidad de fuegos artificiales. Se ha comprobado que no es tan parecido a una cinta épica de blockbuster. El “algo” surgió de la nada, según las actuales investigaciones de la física. Estas apuntan a que son los complejos y largos procesos de inimaginables densidades y temperaturas de ondas que oscilaban hasta que se crearon los primeros átomos de hidrógeno.

El desarrollo de la ciencia y el arte ha sido y sigue siendo un largo proceso para describir el mundo, a una pequeña parte del cosmos, y a otra pequeña de nosotros mismos. A base de un trabajo en cadena que se extiende en generaciones y generaciones, con la dosis de humildad de cada eslabón y cada miembro; pues eran y son conscientes de que los avances que iban y van a ver en su vida nunca serían los definitivos, nunca la última parada en ese ámbito de estudio. Incluso sus hallazgos son susceptibles de ser echados por tierra por siguientes generaciones de científicos si las pruebas así lo dictaminan.

Un proceso lleno de palos en las ruedas y, en algunas épocas, de troncos con el fuego quemando a estos considerados herejes. Obstáculos subordinados al miedo al conocimiento, a que éste ponga en cuestionamiento los dogmas y autoridades de personajes tal vez no históricos (o directamente ficticios) de las religiones, de la política, y de cualquier persona o institución con autoritariad autocrática.

Religión, paternalismo y populismo, supersticiones, y otros grilletes de la mente que han impedido que tengamos, no sólo acceso, sino sobre todo una relación más cercana con el conocimiento y con el arte. No entendidas como una memorización de nombres y datos, sino como extensiones de nuestra carne y huesos. Como ampliación de nuestra experiencia, e integradora de nuevas maneras de vivir las experiencias. Si no, corremos el riesgo de quedarnos como peces de un acuario a los que no se les cambia el agua.

En todo época histórica, con muy pocas excepciones, ha existido miedo a que la población acceda al conocimiento, que siempre deja un poso de realidad sobre la raza humana, y que nos pone al día haciéndonos conscientes de que sólo somos una fase más en la evolución, y que el planeta no es un apartahotel de verano en el que hacer salvajes fiestas rave sin consecuencias para nosotros. Y siempre el poder se ha esforzado en sumergirla en la ignorancia, como un foso con cocodrilos de los castillos con el que mantener a la población alejada del camino a la emancipación mental.

En Psicología enfatizamos que con nuestras ideas y creencias debemos ir con cuidado. Las opiniones vestidas como verdades, el aferrarnos a éstas, suele ser fuente de sufrimiento porque no suelen verse reflejadas en la realidad. Al contrario, trata de que la realidad se adapte a esas rabiosas opiniones. Pero la realidad cambia, aunque a algunos no les guste que lo haga sin pedirles permiso, y el conocimiento la persigue de continuo a esta dura rival con la que juega al escondite.

En este juego las creencias sólo son hipótesis de partida, un inicio por donde tirar de la cuerda y ver que más sale. A medida que la cuerda avanza veremos nudos, curvas, clavos, tramos bloqueados, otros esperanzadores, y por lo general la cuerda se alejará de nuestra hipótesis inicial, o al menos la matizará y enriquecerá.

Las creencias, las opiniones dogmáticas, incuestionables e incuestionadas, son maneras de dividir al mundo, confrontar y competir como breve manual de instrucciones, la colaboración entrará en él sólo con aquellos que forman filas, sin mover un pelo ni una neurona, siguiendo esa única, limitada visión de la realidad.

Pero si todo es movible, cambiante y nada permanece fijo ¿cómo guiarnos?. Una manera puede que sea con el conocimiento y la actitud crítica, revisar nuestras ideas constantemente antes de que se endurezcan, y se conviertan en una piedra con la que atizar al que no las acepte.

Y no, los astros no se alinean para conspirar por nuestra felicidad como dicen los gurús de la autoayuda. Son otras cosas las que se tienen que alinear y no están a años luz, están dentro de nosotros.

Enlaces:

https://actualidad.rt.com/ciencias/195326-tierra-luna-ciencia

https://evolution.berkeley.edu/evolibrary/article/side_0_0/punctuated_01_sp

Monty Python, video de la canción de “La vida de Brian”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.